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lunes, 23 de abril de 2007

“Estamos en una época donde todo es marketing”

El músico popular argentino Raúl Carnota asegura que le encantaría ser masivo pero que no está dispuesto a sacrificar su proyecto. Reivindica por su autenticidad al fenómeno del Chaqueño Palavecino.

Aníbal Mon


Bruselas o Don Torcuato, da igual. Raúl Carnota se ensimisma guitarra adentro y empieza descargar voces y acordes que suenan exquisitos al oído. Ese momento mágico y cautivante solo se quiebra con el reconocimiento de los aplausos al término de cada canción.
El cantante, compositor, guitarrista y percusionista inició hace un año la presentación de su último disco “Espejos” que lo llevó a realizar, durante el 2005, una gira de 2 meses y 25 presentaciones en 5 países europeos; y a recorrer casi toda la Argentina.
“La idea fue hacer un disco con dos versiones de un mismo tema, pero como dicen algunos no es lo mismo soplar que hacer botella. Como idea estaba buena, era muy original, pero cuando fui a hacerla no fue tan sencillo como parecía”, se sinceró Carnota, quien a lo largo de su extensa trayectoria acompañó como músico a artistas del tenor de Armando Tejada Gómez, Susana Rinaldi, Horacio Salgan, Hamlet Lima Quintana y Adolfo Ábalos, entre otros consagrados.
Además, obras de Raúl Carnota, como la zamba Grito Santiagueño o la chacarera Salamanqueando pa’ mi, fueron transformadas en clásicos del folclore nacional por la inconfundible voz de Mercedes Sosa.

-Algunos críticos le definen como folclorista y otros dudan en catalogarlo como un folclorista convencional. ¿Usted cómo se define?
-Sería más certero decir que yo soy un músico argentino porque, eso sí, nunca toqué otra cosa que no sea música argentina. Hago no solo música del norte sino música del litoral, vidalitas, tangos, de todo un poco.

-El hecho de haber acompañado a grandes poetas y músicos populares, como Hamlet Lima Quintana o Armando Tejada Gómez, ¿lo marcó profesionalmente al lo largo de su carrera?
-Y siempre algo entra, alguna bala entra. Yo era muy jovencito y estaba deslumbrado por ellos. Me la pasaba escuchando, yo cerraba la boca y escuchaba. Tuve la suerte de estar en una discusión sobre la Biblia, que nunca me olvidaré, entre Armando Tejada Gómez, Hamlet Lima Quintana y Ariel Petrocceli. Ninguno de los tres eran fervientes católicos, pero hablaban con fundamentos, se conocían la Biblia de arriba abajo y de abajo hacia arriba. Y esas cosas no se borran porque es gente muy especial. Yo no sé si muchos católicos de los que van a la iglesia conocen la Biblia como estos tipos.

-Y musicalmente, ¿lo marcaron?
-Y mirá, yo en ese tiempo me ajustaba a lo que me pedían. Yo, por otro lado, fui de la generación del rock and roll; aprendí a tocar la guitarra con los Beatles y Los Chalchaleros. Aprendimos de esa manera y después fuimos descubriendo la bossa nova, el jazz y otras músicas. Todo eso te va enriqueciendo.

Entre la tradición y la vanguardia

-Su estilo tan particular de tocar chacareras con un compás de más, ¿tiene origen en esa base?
-Yo aprendí tocando chacareras con el bombo con Adolfo Ábalos, trabajaba como músico de él. Era un maestro, con él aprendí un montón de cosas de la música argentina con Adolfo. Y tuve la suerte de estar en los años 70 cerca de Horacio Salgan, del “Mono” Villegas, y yo era muy pibe, estaba con ellos y no lo podía creer.

-¿Se podría decir que de Adolfo Ábalos mamó la parte más tradicional del folclore a la que después le adosó el resto?
-Y sí, lo que pasa es que nadie es vanguardista, ni nada. Sino que cada músico es una entidad. Hay gente que tiene capacidad de inventar y otros que no quieren inventar nada, y está bien tanto unos como otros.

-¿Piensa que a algunos le pueden molestar las innovaciones que usted hizo en el folclore?
-No es que les puede, les molestó a un montón. Eso siempre ocurre, a principios de siglo destruían teatros, rompían todo. Mientras toqué con otros, hice lo que me decían; ahora, cuando toqué como yo, ahí me rechazaron.

-¿Cree que si hubiese tomado el otro camino, el de tomar lo tradicional sin hacer innovaciones, tendría un público más popular y masivo?
-A mi me encanta la masividad, me encantaría ser masivo, pero no estoy dispuesto a sacrificar en lo más mínimo mi proyecto. Es importante hacer honestamente lo que uno hace. Estamos en una época donde todo es marketing, para cualquier cosa se hace un sondeo de opinión. Antes, en los 70, los políticos hacían propaganda y sus campañas políticas con los militantes. Ahora, las hacen con tipos que se dedican a la publicidad, cambió todo. Antes había una línea directa entre la gente y los candidatos; ahora los peinan, les sacan un diente...

Respeto por el Chaqueño

-¿Se siente de alguna manera en las antípodas de, por ejemplo, el Chaqueño Palavecino, el producto folclórico más masivo y popular de la actualidad?
-En realidad, el Chaqueño debe ser uno de los tipos más auténticos que andan tocando. Porque yo conozco la zona de donde es él y así cantan y hacen eso que hace él. Creo que el Chaqueño tiene un carisma especial que arrastra gente y la estructura marketinera se colgó de él, pero él mantiene su esencia. Uno hace eso desde el corazón y yo también hago lo que hago desde el corazón. Yo lo respeto mucho, en general respeto mucho a todos. Con el único que soy sumamente duro es conmigo. No opino sobre las estéticas de los otros porque hay tantas estéticas como artistas.

-¿Tiene algún referente musical que lo conmueva o que lo haya influenciado especialmente?
-Muchos, yo soy un tipo absolutamente influenciable (risas). Acá hubo un músico maravilloso que ahora nadie lo nombra, Hugo Díaz, que compuso una música que no tenía fronteras. En una época, los músicos que venían a Buenos Aires a tocar pedían que Hugo Díaz les hiciera la introducción con la armónica. Era santiagueño y monoaural, escuchaba de un solo oído. Era una cosa impresionante.

-¿Qué música escucha en sus ratos de ocio?
-De todo menos mis discos. A mis discos no los escucho nunca más que cuando los hago. Un disco es lo que tocás ese día cuando lo grabaste y no se vuelve a repetir nunca más. Cuando toco sólo es como que voy improvisando y jugando conmigo mismo porque me divierte y me ayuda a mantenerme despierto y atento. Yo mismo me voy sorprendiendo con cosas que hago. Hay un tema que dice que cuando un negro baila, en lugar de ir hacia fuera va hacia adentro de él, y esa es la verdad, los negros bailan para adentro, bailan para ellos y solo están conectados a la música. Y a mí me pasa lo mismo, cuando yo toco me voy para adentro y salgo recién cuando terminé.

-A la hora de componer, ¿prefiere enfocarse en paisajes, en vivencias personales, o en qué?
-Un solo tema en mi vida compuse sobre un paisaje, después nunca más. Para mí, el mejor paisaje de cualquier parte, y el inagotable, es la gente. Vos te podés ir al lugar más bello, una montaña con una cascada y no sé qué cosa, y está bueno; pero lo que es dinámico es el ser humano. El árbol y la piedra van a quedar ahí, la cascada no se va a mover de lugar, pero el ser humano puede estar triste, puede estar alegre, puede reír y puede llorar.


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Buenos Aires, su lugar en el mundo

-Usted vivió en Buenos Aires, Mar del Plata, en Córdoba y en California. De todos esos lugares, ¿con cuál se queda?
-Me quedo con la Argentina, la vivo recorriendo. Pese a todo lo mal que hablan los porteños de Buenos Aires, yo soy feliz en Buenos Aires. Me molestan los embotellamientos y ese tipo de cosas, pero es una ciudad maravillosa y los tipos que han viajado corroboran esto que yo te digo. No hay otra ciudad como esta. Ni París, ni Nueva York tienen la oferta cultural que tiene Buenos Aires, y no te lo digo de chauvinismo. Desde teatro del que se te ocurra, presentaciones de libros, recitales, hay 500 bandas de rock en Buenos Aires y el Gran Buenos Aires con códigos propios. Yo vivo en San Telmo y extraño a Buenos Aires cuando estoy lejos.

-¿Cómo reciben su música en el exterior cuando viaja a tocar?
-Muy bien, porque el idioma que se utiliza es la música, no hay estereotipo, es un idioma universal. En Europa eso vale mucho. Ahora, en Estados Unidos si la gente no entiende lo que vos estás diciendo, se raya, quiere saber lo que vos decís. En un lugar que se llama La Tentación, en Bruselas, nos cruzamos con el Chango Spaziuk en una gira y tocamos con una semana de diferencia, y a él le pasa lo mismo porque él no habla, se sube, toca chamamé y lo reciben maravillosamente
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lunes, 16 de abril de 2007

“No hace falta vestirse de gaucho ni ponerse arito para hacer folklore”

El ex Chalchalero Facundo Saravia dice que en la música popular argentina actual hay gente joven pero no renovadores. Asegura que no viraría hacia otros géneros para vender más discos.

por Aníbal Mon


Los Chalchaleros perduran en cada rincón de su confortable oficina ubicada en un segundo piso de la porteña esquina de Callao y Las Heras. Cuadros, fotos, caricaturas, placas, reconocimientos y viejos discos de pasta rememoran en el bunker de Facundo Saravia distintas etapas de la historia del legendario grupo folklórico salteño que él integró junto a su padre (Juan Carlos) y que se ganó un lugar de privilegio entre los grandes de la música popular argentina.
En la actualidad, el último Chalchalero, aquel que ingresó al conjunto en el 80 a raíz de la enfermedad que derivó en la muerte del recordado Ernesto Cabeza, atraviesa otro presente y asegura que trabaja para encontrar su propio espacio entre los solistas del folklore.
Con ese objetivo, el músico, que disfruta muchos fines de semana de su vida en su casa del country CUBA de Fátima, grabó su quinto disco, “Estaba Cantado”, y comenzó a presentarlo ayer en una gira por el país que incluirá Mendoza, San Juan, Entre Ríos, Rosario, Tucumán y que concluirá el 10 y 11 de noviembre en el Teatro Coliseo de la Capital Federal.

-¿Qué tiene este nuevo disco?
-Es un disco muy parecido al anterior, Por esas cosas de la vida, pero es más variado. Es parecido en cuanto a la temática pero es más variado por los ritmos porque tiene bailecitos, chacareras, zambas, polca, escondido, chaya, cueca y hasta una guarania que nunca había compuesto. La verdad es que a mí me gusta disfrutar las cosas que hago y entonces me tomo un tiempo para llegar tranquilo a lo que quiero hacer. Estoy con toda la expectativa de salir a tocarlo porque es una excusa muy linda tener un disco nuevo para salir a tocarlo por el país.

-¿En qué se enfocó a la hora de sentarse a componer para “Estaba cantado”?
-Mirá, hice un gato para la guitarra, porque la guitarra es como una parte de mi familia. Después hice un escondido que cuenta la historia de una fiesta popular en un pueblo del interior. También escribí una canción que habla de la palabra, de comprometerse con la palabra, algo que en una ciudad como esta muchas veces queda de lado. Compuse también una chacarera que se llama “Ni falta le hace” que habla de las fiestas que se hacen en pueblitos del interior a las que tuve la oportunidad de ir a cantar para sus centenarios y fueron fiestas increíbles para mí porque no fueron fiestas cualquiera, eran los 100 años de un pueblo. Mucha gente que se fue lejos llegaba para la fiesta después de muchos años de no estar. Y esa chacarera habla de eso, de que por más que la vida te lleve por otros lugares uno tiene necesidad de volver a respirar el aire que lo vio nacer y crecer.

-A la hora de componer folklore están los que siguen escribiéndole a los paisajes y las tradiciones y los que abordan temáticas más comprometidas. ¿Usted dónde se ubica?
-No sé, un tema se va presentando de acuerdo a lo que uno va viendo. Escribí un tema relacionado con las drogas porque viví una experiencia cercana sobre eso, de un ser querido, y la única manera que tengo para expresarlo es con folklore. Pero siempre hay cosas que me preocupan que me duelen, como el tema de la donación de órganos que también escribí sobre eso. Pero en este caso me salieron este tipo de canciones. Igual yo nunca dependí sólo de mis canciones, quiero ser un intérprete también. Por eso incluí temas de Omar Moreno Palacios, de Zitarrosa, de Atahualpa Yupanqui. Canto lo que quiero y lo que siento. Yo a Zitarrosa lo admiro mucho y de chico empecé cantando canciones de él, como Recordándote que está en este disco.

Tradición vs renovación

-¿Participa o prefiere mantenerse al margen de esta dicotomía que existe en el folklore actual entre renovadores/innovadores y clásicos/tradicionales?
-Creo que los renovadores no están hoy acá. Los renovadores fueron los Waldo de los Ríos, los Atahualpa Yupanqui o en su momento Antonio Tarragó Ros. Que haya gente joven no significa que se renueve el folklore. Que toques una batería, un bajo eléctrico o un piano eléctrico no te hace un renovador. Pasa más que nada por la honestidad, por el cariño y por el conocimiento con el que lo hacés. Hoy hay mucha tecnología y eso también está puesto en el folklore. Hoy el folklore se toca de otra manera, pero la chacarera y la zamba siguen siendo las mismas, lo que cambia es la instrumentación, pero nadie descubrió nada. Nadie se hace más o menos moderno por usar una guitarra enchufada. Yo ahora toco con bajo eléctrico y no por eso me siento un renovador, para nada.

-¿Considera que a partir de Soledad se dio un fenómeno de acercamiento de la juventud al folklore?, ¿O como dice una de sus chacareras el folklore se sigue viendo como “cosa de viejos”?
-Mucha gente de la que vive acá puede llegar a pensar eso. Pero cuando recorro la Argentina noto que hay muchísima gente joven siguiendo los festivales y a los cantores. Un festival de folklore en el interior mete más que uno de rock y eso que no es nada comercial y va sólo el que le gusta. No como en el rock por ejemplo que muchos chicos van porque les gusta un tema que le pasan todo el día por la radio. Van, escuchan 20 temas pero solo les gustan uno o dos. Nosotros no tenemos la posibilidad de esa difusión. La Sole fue un furor, incluso muy difícil para ella andar con ese peso encima, pero lo sobrellevó bastante bien. El folklore volvió a ser escuchado en los medios. Yo creo que sirvió mucho.

-¿Nunca sintió la tentación de, cómo hicieron algunos folkloristas, volcarse a otros géneros o estilos para vender más discos?
-No, a Soledad le pasó por la presión de la grabadora. A mi eso no me pasó, pero yo quiero ser folklorista. Ella igualmente está muy identificada con el folklore.

-¿Cómo ve al resto de los fenómenos más populares del folklore como Los Nocheros o el Chaqueño Palavecino?
-El Chaqueño es un tipo genuino por dónde lo mires, es gaucho gaucho y aparte es un gran amigo. Y lo demás bueno, cada uno hace lo que le parece.

-¿Se le pasaron las ganas de subirse a un escenario con pilchas gauchas?, ¿piensa que era para otra época?
-No, lo que pasó es que para mí el traje de gaucho es el traje de Los Chalchaleros. Cuando Los Chalchaleros se disolvieron, sentí que no tenía que usarlo más. Si Los Chalchaleros no cantaban más yo ese traje no lo podía usar más. No pasa porque reniegue de eso, al contrario. Pero no hace falta ni vestirse de gaucho ni ponerse un arito para hacer folklore. uno tiene que ser auténtico. A mí estéticamente me va esto, no me va otra cosa, pero sin desmerecer lo que no me va. El Chaqueño, por ejemplo, es un tipo auténtico, realmente es un folklorista desde el sombrero hasta el taco de la bota.

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El último Chalchalero

-¿Qué tiene usted de Los Chalchaleros y que tiene de Facundo Saravia?
-De Los Chalchaleros tengo las enseñanzas, el aprendizaje, el haber estado al lado de grandes en serio del folklore. De Facundo tengo mi propia personalidad, el poner todo lo que he mamado al servicio de mi presente. Tengo un sello chalchalero a la hora de cantar, algo que de vez en cuando me aparece y que espero que no desaparezca nunca. Pero tengo también un estilo propio, mis propias canciones y entonces hago una mezcla de aquello que aprendí con esto que soy. Hubiese sido más fácil para mí haber armado otros chalchaleros, pero me parece que tenía que cerrar esa historia y disfruto de lo que hago, amo lo que hago y vivo de lo que me gusta. Conocí lugares que si no fuera por la guitarra nunca hubiese conocido. Además, soy un tipo feliz porque no transé con nada, canto lo que me gusta y donde me gusta, y donde no me gusta no canto, no tengo representante. Me puedo equivocar o no, pero me gusta hacerlo así.

-¿Hay nostalgia de la época con Los Chalchaleros?
-Nostalgia no, recuerdos los mejores como haber cantado con el mejor conjunto folklórico de la Argentina. Muchos no se bancaron el éxito de la despedida y hablaron de lo larga que fue.

-¿Por qué cree que no se lo bancaron?
-Porque Los Chalchaleros nunca transaron con nadie, siempre hicieron lo que les parecía.