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sábado, 23 de febrero de 2008

Qué vuelvan los lentos

A pesar del paso de “los asaltos” a la Creamfield, el clásico de bailar pegados aún sobrevive en el repertorio de algunos DJ pilarenses. Una receta efectiva para combatir el impersonal amor en los tiempos del msn.

por Aníbal Mon



En épocas de Creamfield, de bebidas energizantes con alcohol y de las “radios modernas” de Emmanuel Horvilleur, los ochentosos asaltos en el garage en los que las chicas llevaban comida y los varones las botellas de gaseosa son sólo un recuerdo para alimentar la nostalgia.
Pero más allá del reggaetón, de la cumbia y de los jóvenes sobreexitados que bailan hiperquinéticamente durante horas y horas al ritmo de la música electrónica, algunos disc jockey’s de Pilar se resisten a abandonar ese clásico motor para el amor que son los lentos, una especie en peligro de extinción que aún vive en la memoria de los treintañeros.
Cuántos de los que hoy celebran el Día de San Valentín se habrán enamorado balanceándose suavemente al compás de In my dreams, de La gloria del amor de Peter Cetera, o de El poder y la pasión de Phil Collins. Y cuántos de los adolescentes de hoy adherirían al eslogan de la campaña publicitaria de una conocida marca de snacks, que asegura que si volvieran los lentos todo sería más fácil a la hora de sellar el amor al menos con un beso. Los de más de 30 pueden dar fe de eso.
“A pesar de que en los boliches ya no se pasan lentos, yo sigo pasando porque si en una fiesta no hay lentos es como si faltara algo”, contó el mítico DJ Pocho, famoso por animar durante una década las noches del tradicional boliche pilarense Mediterráneo y de Cuernavaca en otra etapa.
Pocho Caballero, quien en la actualidad trabaja en el bar Terra de Capilla del Señor y en fiestas privadas, asegura que “la hora de los lentos es el momento de la noche que los jóvenes esperan para acercarse a la chica que les gusta”. Para algunas cosas el tiempo parece haberse detenido.

Remixados

Pero DJ Pocho no sólo reivindica a “los lentos” desempolvando algunos viejos discos de vinilo sino que les otorga un lugar destacado en la programación de la música. “Yo no hago como se hacía antes que dejaban los lentos para el final. Yo en vez de tirarlos a las 5 o 6 de la mañana los pongo a las 4 cuando la fiesta recién comienza y todavía nadie se fue”, destacó el disc jockey.
A los clásicos de los 80, Pocho les agrega una dosis de temas de intérpretes más actuales como Chayanne, Ricardo Arjona, Juan Gabriel o Axel; inclusive con algún toque de remix.
A pesar de las radios modernas; de esos raros peinados nuevos; y del amor en los tiempos de Speed, tan superficial como fugaz; “los lentos” sobreviven a los embates de la cultura del msn. “Cada vez que puedo voy a Moliere, en San Telmo, porque es uno de los pocos boliches donde antes de terminar pasan lentos”, dijo Karina, una nostálgica pilarense de 30 y pico.

lunes, 21 de mayo de 2007

Pilar, el principal reflejo del “Mundo Privado” de Patricia Rojas

La periodista escribió un libro sobre la percepción de los adolescentes del universo country. Asegura que el distrito es único en el planeta con relación al desarrollo y al estilo de vida que se generó en apenas una década.

por Aníbal Mon



De los marginales “Pibes del fondo” que le dieron nombre a su primer libro, la periodista Patricia Rojas pasó a indagar el “mundo privado” de los chicos del country como una forma de disipar sus propios prejuicios y los ajenos.
“La gente que no vive en un country y que nunca visitó uno tiene muchas ideas formadas. Por eso, creí que entrar por la mirada de los jóvenes era como una mirada menos prejuiciosa. Sentí que a estos lugares que a mí también me generaban prejuicios, si yo entraba por la mirada de ellos podía intentar algo desde otro lugar y no desde el mío”, le contó a El Diario durante una entrevista exclusiva la autora de, precisamente, Mundo Privado, su más reciente obra que acaba de ser editada.

-¿Qué es lo primero que se encontró al ingresar a este mundo privado?
-Empecé a ver que quienes elegían barrios privados no eran grupos de elite o tradicionales como los que se pueden encontrar en Tortugas o en Los Lagartos, sino que empiezan a ser una opción para gente que en vez de pagar un tres ambientes en Barrio Norte elige señar un terreno acá. Con los primeros que me contacto fue con unos papás que tienen tres hijos en Abril (Hudson) y que estaban como muy disconformes con esto de vivir ahí. Empecé a ver todas las estrategias de estos padres para que los chicos no sientan que esa era la realidad. Estos chicos, para no quedarse presos de esa única realidad, hacen el esfuerzo de ir tres veces por semana al Club Estudiantes de La Plata y juegan al fútbol con chicos de potrero; pero manifiestan un cansancio.

-¿Viven como un trauma los adolescentes este choque entre el country y la realidad externa?
-Lo que me sorprendió es que ellos con mucha más claridad que sus padres y con mucha más frescura lo viven como un trauma; señalan que los chicos de afuera son distintos. Pero también están los chicos muy adaptados que disfrutan de tener plata de estar en esos lugares que creen privilegiados. Además, me encontré con chicos que no encajan en los countries. Hablando con una madre me encontré también con el caso de su hijo que sufre ataques de pánico cada vez que se sube a un colectivo.

-¿La burbuja se revienta contra la realidad?
-Pero es una mirada perezosa decir está en una burbuja y listo. Casi todos los adolescentes están como en una burbuja porque están creando su mundo, pero el tema es ver qué pasa cuando ese mundo está tan pautado y cuando es tan distinto al afuera.

-Sin embargo estos mundos ideales que muchos fueron a buscar a los countries empiezan a contaminarse con cosas del afuera, como la inseguridad.
-Un chico de Highland me decía que ahí se escuchaban tiros cada dos por tres. Yo veía que los papás trataban de minimizar el tema o sostenían el argumento, que es cierto, que afuera hay más robos que adentro. En cambio los chicos te cuentan desde el primer robo hasta el último que hubo en su country, los tienen muy claros. Viven como puede vivir cualquier chico del Conurbano el tema de la inseguridad, lo viven como algo cotidiano. Lo que sí sentí en Pilar es como están más sensibles o se sienten más proclives a que algo les pueda pasar. Al haber más countries en Pilar ha habido más casos y también más espectaculares. Noto en los relatos más sensibles a los chicos de Pilar que por ejemplo a los de San Diego o en Abril. Lo que sí descubrí es que en todos los countries hubo robos y que no todos aparecieron en los diarios.
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"El 67% de la población que en este momento vive en este estilo de vida está en Pilar. La Capital Federal pierde un 10% de la población en el momento que Pilar crece. Me parece que Pilar en un lugar único que no existe en ningún lugar del mundo".

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-¿Se da de alguna manera el ocultamiento de algunas cosas que suceden en los countries con el fin de preservar el estatus social?
-Si, muchas veces los actos de vandalismo que cometen los chicos son minimizados con ese objetivo. Primero porque no los pueden multar; hay chicos que se jactan diciendo que les hicieron seis informes en una semana. Los chicos empiezan a percibir que eso límites en los que sus padres confiaban ya no los detienen. Porque muchos padres depositan los límites de sus hijos en las vallas y en los guardias. Y se empieza a ver que a los guardias no les hacen caso. Ante el tema del consumo de alcohol de los adolescentes, también se busca una solución por el lado de los guardias y debido a que en algunos barrios se establece que cuando llega un delivery de bebidas alcohólicas no pueda entregarse sino hay un mayor en la casa.

-¿Es un mundo de mucho materialismo o también prevalecen otros valores?
-Encontré materialismo pero también me encontré con otras cosas. Me encontré con chicos por ejemplo en Los Lagartos, muy distintos a mí y a como yo viví mi juventud, pero para los que era muy importante la lealtad, los amigos. Hay chicos que tienen valores, que están preocupados por la burbuja y por el lugar en el que están viviendo.

Caso único

-Tras haber recorrido todo el circuito country, ¿considera que Pilar es el epicentro de este mundo privado?
-Por los números sí. El 67% de la población que en este momento vive en este estilo de vida está en Pilar. La Capital Federal pierde un 10% de la población en el momento que Pilar crece. Me parece que Pilar en un lugar único que no existe en ningún lugar del mundo. He leído bibliografía de Brasil con el caso de Alphaville (San Pablo); yo pensaba que por ahí Alphaville se parecía a Pilar porque en cuanto a números y a cantidad de gente que vive es similar, pero es más comparable con Nordelta.

-¿Qué diferencia a Pilar?
-Como partido, como boom en cuanto a cantidad de superficie edificada y en cuanto a gente que se mueve y al tema de servicios; realmente no hay parámetros para comparar algo igual y que se haya dado en un lapso tan corto de tiempo. Porque en Estados Unidos hoy viven más de 8,5 millones de personas en urbanizaciones cerradas pero esto se empieza a dar desde principios de los 60. Y además en Estados Unidos este estilo de vida va con la idiosincrasia de ellos; acá nosotros vivíamos una realidad más europea.

-En las entrevistas con los adolescentes, ¿notó algún conflicto entre el pueblo y los countries, o el centro y el kilómetro 50?
-Lo primero que me sorprendió en la entrevista con Maylén (una chica del contry La Peregrina cuya historia aparece en el libro) es que ella no se sentía de los countries y contaba que compatibilizaba mejor con la gente del pueblo, pero me hablaba de la gente del pueblo como si fuera de otra raza. De hecho, fui con ella en colectivo hasta el pueblo y sentí esa actitud, percibí una manera de desenvolverse diferente. Tengo el recuerdo de caminar con ella por el country y de sentirse mirada, por esta cosa de pueblo chico que todo el mundo sabe quien sos, con quien andás y con quien estás de novia; y de ir por la ciudad mucho más relajada. La descripción de ella de tratar de atravesar la reja era como muy llamativa.

-¿Cómo ve el futuro de estos chicos que atraviesan su adolescencia en el country?
-Todo esto me lleva a pensar con qué espíritu van a crecer estos chicos pensando en un país, en la Argentina; porque la luz la pagan ellos, la recolección de basura también, etc. Hay una antropóloga que desde hace cuatro años está haciendo un trabajo en Nordelta para ver si es real esto que muestran las publicidades de que se fundan nuevas comunidades. ¿Es verdad que eso es una comunidad? Y no, si no te conocés con el de enfrente y si el club house no es un espacio común no es una comunidad; hay chicos que señalan que en el club house no se encuentran con nadie. Creo que los chicos son los principales críticos de estos lugares y que algo tiene que suceder: o llegan a un punto de quiebre en el que se van a la ciudad, o tienen trastornos. La realidad siempre se filtra, siempre hay alguna grieta. En algún momento te topás con la realidad.

-Hasta el la casa de Gran Hermano...
-(Risas) Sí, sí.

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¿Un modelo en extinción?

-Algunos vaticinan que el modelo country está en retracción. ¿Usted qué opina?
-Cuando veo a revistas como la Veintitrés que dicen que es un modelo que ya no va más me parece que es porque hay gente que se va, como habrá habido gente que se ha ido de Pilar a la Capital o al revés. Por ahí esto hace cinco años no se escuchaba porque tal vez había un acuerdo tácito de no criticar a esa comunidad que en algún punto era ideal. Me parece que el crimen de García Belsunce marcó definitivamente un antes y un después; no se puede volver a hablar de un country sin tenerlo en cuenta.

-Más allá de los descriptivo y de los relatos de los chicos, ¿cómo analiza usted personalmente este mundo viéndolo en perspectiva?
-Me lleva a pensar el tema de la privatización del espacio que ya casi triplica el espacio de la Capital de Federal y con lo que ha crecido durante el 2006 va a aumentar a más de tres veces. Me parece que vamos hacia un modelo como el de la ‘brecha urbana’ que marca Maristella Svampa en su último libro: cada vez más pobres más distanciados de los más ricos.


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No aptos para menores de 18

Patricia Rojas, autora del libro Mundo Privado, considera que el estilo de vida country no es compatible con las necesidades de los adolescentes.
“Los adultos que viven en los countries cada vez defienden más ese estilo de vida. Creo que cada vez hay una sensación más fuerte de que estos lugares no están pensados para adolescentes. Sí están pensados para parejas con hijos chicos o gente que ya está en el retiro y con hijos grandes”, opinó.
Sin embargo, la periodista sostiene que el modelo sigue en auge: “me parece que hay gente que sigue pensando que este mundo es ideal porque sale a la venta un barrio y se vende enseguida. Este estilo de vida creo que va muy bien con una Argentina desencantada con el Estado”.

miércoles, 25 de abril de 2007

Los hijos del boom

Llegaron al distrito en los 90 para radicarse en los countries y barrios privados. Para ellos, Pilar se limita a la Panamericana y al kilómetro 50. Y se sienten invasores en el centro. La socióloga e investigadora Cecilia Arizaga habla de este fenómeno que es analizado en profundidad en su último libro.

por Aníbal Mon


El boom urbanístico que experimentó Pilar en los 90, con la proliferación de los barrios privados que atrajeron a miles de habitantes, generó también un fenómeno social.
Nuevos pilarenses recién llegados comenzaron a radicarse detrás de las barreras de las urbanizaciones cerradas y empezaron a hacer uso de una infraestructura comercial y de servicios especialmente preparada para ellos.
A partir de allí, aparecieron en escena en la ciudad dos estilos de vida paralelos que contrastaban por sus hábitos, costumbres y espacios. Y se presentaba un gran desafío: el de la integración.
El kilómetro 50 se convirtió en el epicentro “country”, mientras que los alrededores de la plaza 12 de Octubre continuaron siendo el territorio de los vecinos tradicionales.
La socióloga Cecilia Arizaga, docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires (UBA), se encargó de estudiar a fondo el nuevo estilo de vida que se gestó en los verdes oasis de los barrios privados, su interrelación con el afuera y las conductas, problemas y preocupaciones de “los hijos del boom”.
Los resultados de ese trabajo -a los que la profesional arribó mediante entrevistas a adultos, niños y adolescentes- formaron parte del libro “El mito de comunidad en la sociedad mundializada. Estilos de vida y nuevas clases medias en urbanizaciones cerradas” editado el año pasado.

-¿Por qué eligió Pilar para estudiar este fenómeno?
-Me parecía que en Pilar se daba muy bien esa tensión que es muy típica de este fenómeno, que es por un lado esta construcción de comunidad y por el otro en un espacio que constantemente está tratando de innovar geográficamente en pos de una cultura globalizada o mundializada como pueden ser todos esos nuevos espacios como el kilómetro 50 que en Pilar fue paradigmático. Y cómo esos nuevos espacios de entretenimiento se conectaban a manera de redes con los barrios cerrados y con los countries.

-¿Aparece el concepto de burbuja cuando de habla de la vida dentro de los barrios privados?
-Cuando yo trabajaba con los grandes, el tema de vivir encerrados y de este lugar común que es la burbuja aparecía muy solapado. En algunos casos, sobre todo el de los que habían tenido que hacer un gran esfuerzo para llegar adonde estaban, pensaban que irse a Pilar a un barrio cerrado era un signo de movilidad social importante en un momento en el que la movilidad social no era ascendente sino descendente. Por eso, para muchos el tema de la burbuja era visto positivamente, cosa que a mi me llamó mucho la atención. En otros casos, trataban de minimizar el tema de la burbuja.

-¿Y cómo lo veían los chicos?
-La preocupación de ellos era “vivimos en una burbuja” y las consecuencias que eso les traía en la vida cotidiana, que iban desde la dificultad de ir sacar una fotocopia para el colegio hasta que el fin de semana querían salir y dependían de la madre para que los lleve. Eso era sobre todo en los secundarios. En los universitarios, eso se trasladaba al tema de que tenían muchas menos competencias para la vida profesional que las que puede tener un chico que va a la misma universidad pero que vive en la ciudad. Había chicos que se estaban por recibir y nunca habían ido a dejar un currículum de trabajo. El grado de angustia que les generaba la situación de cambio al recibirse se exacerbaba por sentirse faltos de competencias.

-¿Para ellos Pilar es el barrio cerrado y el kilómetro 50?
-Exactamente, había una distinción en términos despectivos que se manifestaba en ‘ellos son el suburbio y nosotros la naturaleza’. Pero por otro lado hay algo que surgió en los chicos, sobre todo cuando le hicimos entrevistas a los alumnos de secundaria, que es que le preocupaba muchísimo la autonomía de movimiento, algo lógico en cualquier adolescente. Ellos, buscando estrategias para subsanar esta complicación, decían ‘si yo voy al kilómetro 50 me tienen que llevar mi mamá o mi papá’. La alternativa era tomarse un colectivo que le quedaba muy lejos para llegar al pueblo y tener su salida ahí.
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La preocupación de ellos era “vivimos en una burbuja” y las consecuencias que eso les traía en la vida cotidiana, que iban desde la dificultad de ir sacar una fotocopia para el colegio hasta que el fin de semana querían salir y dependían de la madre para que los lleve.
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-¿Y qué les pasaba cuando se encontraban con esa otra realidad?
-Les pasaba, según contaron, que en el pueblo eran vistos como los invasores del lugar. Lo que aparece muy fuertemente es una idea de invasión de territorio, típico de cuando uno conforma un espacio en términos de comunidades. Hay territorios que son de uno y territorios que son de otro; pasa lo mismo cuando uno estudia las villas.

-¿El kilómetro 50 es el territorio de ellos?
-El kilómetro 50 es el territorio de ellos, si va alguien del pueblo es alguien que está en otro espacio; y el territorio del pueblo es de los nacidos y criados. Entonces, ellos se daban cuenta de que tenían que tratar de dar los menores signos posibles para no ser identificados como los chicos del country: iban vestidos diferente y otras estrategia para no dar cuenta de que ellos se convertían en otros. En ese sentido, fue muy interesante para dar cuenta de cómo se extienden los espacios de nosotros y del otro fuera del country.

Integración

-¿Se abordó en las entrevistas el tema de la integración con “los de afuera”?
-Ellos los que decían es que si iban al pueblo lo que querían de alguna manera era compartir un espacio y lo que veían era que estaban siendo discriminados, con lo cual el tema de la integración yo no diría que sea una cosa muy buscada, me parece que es una cuestión instrumental al punto de pensar que tienen que ir al pueblo porque es donde pueden llegar solos y donde consiguen ciertas cosas que no hay en el kilómetro 50. Por otro lado, resulta bastante imposible la integración en los términos que se está dando la lógica. Cuando hay una lógica del nosotros y del otro, el espacio no es un espacio común; en ese sentido la integración es complicada.

-Por otro lado, también hay barreras geográficas y físicas para la integración.
-Sin dudas. El que no es del barrio cerrado y no tiene la posibilidad de moverse de manera independiente con un automóvil privado no puede ir tampoco tan fácilmente a Jumbo, por ejemplo, más allá de que hay barreras que son más psicológicas o sociológicas. En el supuesto de que se llegue, hay cierto modo de desplazamiento en el espacio que es totalmente diferente al que te propone el pueblo acorde a la ciudad tradicional que tiene la figura del peatón, de la vereda, del caminar, del sentarte. Vos recorrés el kilómetro 50 y no da para caminar por afuera porque no tiene veredas. La figura del peatón en el mismo barrio privado se reduce a salgo a caminar para hacer ejercicio.

-¿Y estos peatones de barrio privado como se desenvuelven en la ciudad?
-Hay una serie de imaginarios urbanos que son totalmente desplazados. Los chicos de la universidad, por ejemplo, lo primero que te dicen es que el viernes a la noche se van para la ciudad y vuelven el domingo a la noche porque el lunes tienen que ir de vuelta a la facultad. Ellos se van el fin de semana a la ciudad para adquirir competencias de peatón, de urbanista digamos. Eso es muy interesante porque hacen e proceso al revés. Uno piensa en country para quedarse tomando sol el fin de semana y ellos, por el contrario, se van a la ciudad.

-Los chicos de los barrios cerrados ven algunas de estas cosas con conflicto y otras positivamente.
-Tampoco es que ellos dicen somos los pobres chicos del country, los pobres chicos ricos; no es esa figura. Lo que hacen es un juego mucho más reflexivo que lo que aparecía en las entrevistas del adulto. Ellos hacen un juego de compensaciones. O sea, no está todo mal vivir en el country. Está muy bueno vivir al aire libre, está muy bueno tener amigos cerca, está muy bueno tener cerca la posibilidad de hacer deportes, pero ven también las contras. Y en cierta etapa de sus vidas, la verdad que las contras son jorobadas.

-¿Elegirían el country para criar a sus hijos?
-Lo que ellos dicen es que no saben si el día de mañana cuando tengan chicos no se van a ir a vivir a un country, pero aclaran que tal vez lo harían hasta cierta etapa. En ellos aparece mucho más claro algo que a los adultos les resulta mucho más complicado decir, aunque después en la realidad muchas veces lo tengan que reconocer, que es esa especie de techo de cristal que muchas veces tiene el country. Responde muchas veces a las posibilidades de un ciclo vital familiar determinado; una vez que los chicos buscan otras cosas o se van a vivir a la casa de la abuela, o se van todos para la ciudad de vuelta.

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El paradigma de la ciudad country

-¿Piensa que Pilar es el lugar más paradigmático de lo que sería este estilo de vida?
-Lo que tiene Pilar es que realmente en los 90 Pilar fue el boom. Pilar en el imaginario social aparece como el lugar country. Pilar es una zona de imaginario de los 90, de este proceso y de qué pasó con las clases medias que unas cayeron, otras se sostuvieron como pudieron y otras subieron. Entre estas que se sostuvieron como podían, hubo muchas que la forma que encontraron para sostenerse era esa, irse al barrio privado. Los que se fueron a country no fueron sólo los que se llenaron de plata; hubo mucha gente que se fue al barrio privado con mucho esfuerzo porque pensó que era la manera de sostenerse en su ubicación social.

-¿Y es también Pilar un paradigma de la polarización entre zonas de countries y grandes bolsones de pobreza?
-Eso es algo que es típico de cualquier lugar de barrios cerrados, a donde vayas ves eso. Pero Pilar es como ese lugar que cierra desde todos lados. Pero sobre todo por como se conformó urbanísticamente con el kilómetro 50 como una isla de esparcimiento para el tiempo libre y con las otras islas que son los barrios privados. Todo esto con las redes que son las autopistas y que conectan a estas islas con la ciudad global. En este sentido, creo que Pilar es paradigmático.

lunes, 23 de abril de 2007

Claudio Sosa: Un tucumano suelto en Pilar

El cantautor folclórico es sobrino de Mercedes Sosa. Asegura que en la ciudad encontró tranquilidad para componer. Y para montar su emprendimiento cultural y gastronómico que choca contra barreras burocráticas.

por Aníbal Mon



“La Tucumanita”, señala un cartel de madera ubicado sobre una de las pocas fachadas coloniales que se conservan en el centro de Pilar. Al entrar por una antigua puerta de vidrio y madera, da la sensación de haber ingresado al túnel del tiempo.
Unas especie ventanitas abiertas entre la pintura y el revoque de la paredes permiten apreciar los ladrillos centenarios que constituyen aquella vieja casona construida allá por 1860, cuando la ciudad no imaginaba su actual fisonomía de countries, torres y shoppings.
Por el piso de esa casa, hoy recubierto con baldosas, caminó el legendario militar pilarense, Víctor Vergani -que prestó servicio en la Aviación del Ejército-, cuando la vivienda le pertenecía a su familia. En la actualidad, la calle que pasa por el frente de la reciclada vivienda lleva su nombre.
Ciento y pico de años después, otra historia se escribe entre esas paredes. Un hogar a leña se sumó al rústico paisaje, y mesas, sillas y hasta una guitarra estratégicamente colocada en un rincón son claras señales que hablan de los nuevos habitantes de aquel espacio.
Claudio Sosa es tucumano y es sobrino de una de las tucumanas más famosas, respetadas y reconocidas: Mercedes Sosa, o simplemente “la Mecha”, como él la llama.
Pero además, es músico, cantante y compositor folclórico, y uno de los referentes de la renovación del género liderada, si de popularidad se trata, por los santiagueños Raly Barrionuevo y el Dúo Coplanacu, o por el dúo mendocino apadrinado por Gustavo Santaolalla: Orozco-Barrientos. Durante el verano, Claudio acompañó sobre el escenario a su tía en festivales y giras, como en tantas otras ocasiones.
Hace poco más de un mes, Sosa montó en Pilar un espacio donde se respira cultura, historia y aromas del norte argentino; y se disfrutan también sabores característicos de esa región del país. Locro, empanadas, tamales y humitas son preparadas artesanalmente, en el momento y sin conservantes, aclara el músico, tal como sucede en los dos locales de La Tucumanita en Buenos Aires, por donde pasan frecuentemente figuras como su tía Mercedes o Mirtha Legrand.
Pero Sosa le cuenta a El Diario, con su tono pausado e inconfundible acento provinciano, que tiene un objetivo más ambicioso y pretende que la centenaria casona, que habitaron los Vergani y los abuelos de su actual esposa pilarense, no sea únicamente un local gastronómico sino que se transforme en un espacio cultural destinado a darle lugar y difusión a las nuevas expresiones artísticas.

Trabas a la cultura

Sin embargo, ese objetivo choca contra algunas barreras burocráticas.
“Quisimos traer espectáculos de nivel pero encontramos muchos obstáculos. En Buenos Aires, cuando yo me encargaba de la dirección artística de la Peña del Colorado, no era así. Estaba reconocido que era una actividad en fomento de la cultura y todo se hacía más fácil. Acá lo que tenemos es un proyecto cultural, no es que queremos hacer un espectáculo para traer mucha gente, vender empanadas y llenarnos de plata”, expresó el tucumano que acaba de ser papá y que desde hace más de un año reside en el barrio Pellegrini III.

-¿Piensa que en Pilar no hay suficiente conciencia para fomentar la cultura?
-Puede ser, pero es algo que pasa en muchos lados. Se busca más hacer un espectáculo que convoque a 10 mil personas de una sola vez que fomentar proyectos culturales que perduren en el tiempo como éste. Acá nos quieren cobrar para traer un artista un derecho de espectáculo, un plus por cada mesa y hasta nos obligan a contratar un servicio médico, y la verdad que así el costo es muy alto y te obliga a cobrar una entrada de 12 pesos; esa no es nuestra idea. La idea es traer muestras de fotos, artesanías, exposiciones de arte, teatro. No puede ser que esta casa no esté protegida de alguna manera; es un monumento histórico valiosísimo.

-¿Se busca cantidad en vez de calidad?
-Los planes culturales que hay son para atraer mucha gente. Salvo un par de encuentros que se hacen en Buenos Aires, el resto son recitales para 100 mil personas, que no está mal, pero si en esos espectáculos hubiera lugar para que antes de ese artista que convoca 100 mil personas actúen 10 artistas nuevos sería mejor. Así, esa multitud descubriría nuevos músicos. Pero bueno, los tiempos culturales están regidos por la política y obviamente que vale mucho más atraer una gran cantidad de personas.

-¿Qué diferencias concretas encuentra con relación a Buenos Aires?
-Acá, la Municipalidad me cobra un derecho por espectáculo más un plus por mesa. En Buenos Aires no hay un plus, al contrario, nos ponían un artista para apoyar a la peña, nos mandaban gente y nos ponían en las guías culturales y de turismo. Porque siempre un lugar cultural que se abre es un espacio nuevo.
Yo hice la habilitación y todo como lo tengo que hacer, pero espectáculos no puedo traer. Mucha gente que viene me dice: “esto si estuviera en Capital sería...”. Pero no, está acá. Es un lugar muy lindo, muy cálido y se pueden hacer muchísimas cosas porque las hemos hecho en espacios más chicos que éste.

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Tranquilidad, como en Monteros

-Aparte de a su esposa, ¿qué encontró en Pilar?
-Dicen que Dios atiende en Buenos Aires, pero yo digo que no atiende tan bien. Se puede construir algo desde otro lado y yo acá en Pilar encontré más tranquilidad para componer. Es más parecido al ritmo de Monteros (Tucumán), de dónde yo soy.

-¿Cómo marcha su carrera artística?
-Fui papá por primera vez e inicié el proyecto de La Tucumanita así que me tomé dos meses de licencia, pero me están esperando para entrar a estudio para grabar mi sexto disco con un sello de La Plata. Va a incluir temas propios y de otros autores. Estará inclinado a un folclore latinoamericano con chacareras, zambas y algún huayno también, entre otras cosas.

-¿Le pesa el apellido Sosa?
-No, para nada. Creo que la carrera se construye con mucho trabajo y que es independiente del antecedente de la “Mecha” (Mercedes Sosa). Pero por supuesto que es muy lindo recoger el cariño y el afecto que la gente le transmite a mi tía a través mío en distintos lugares recónditos del interior donde por ahí ella no puede llegar.