por Aníbal Mon

El arquitecto que en el 80 inscribió su nombre junto al de Cesar Milstein, Bernardo Houssay, Luis Leloir y Carlos Saavedra Lamas en la lista de notables argentinos distinguidos con un Premio Nobel abandonó una ronda de mates con pan casero y se dispuso para la charla. Se trata de Adolfo Pérez Esquivel, quien en plena dictadura militar se convirtió en un emblema de la lucha por los derechos humanos.
A lo largo de casi una hora de entrevista, no eludió ninguna respuesta: habló de los countries, de la pobreza, del Gobierno, de la dictadura, de la democracia, de la solidaridad, de la inseguridad, de sus diferencias con Juan Carlos Blumberg, y de la desaparición de Jorge Julio López.
-¿Cómo analiza la polarización que se da en muchos lugares de la Argentina entre islas de riqueza como los countries y los mares de pobreza que las rodean?
-Esto tiene que ver con una desigualdad social muy grande. Hace poco en un encuentro internacional de África, Asia, Oceanía, Europa y América Latina en Madrid yo decía que tendríamos que hablar de la riqueza más que de la pobreza. Dónde se concentra la riqueza y por qué; por qué no hay una redistribución de los recursos, porque los pobres no son pobres porque quieren sino porque hay una desigualdad de los recursos. Creo que eso tiene que ver con las políticas sociales, con las condiciones de trabajo y son cosas que hay que revisar y tratar de profundizar. Lo otro es ver cómo se generan recursos genuinos, fuentes de trabajo y no asistencialismo.
-¿Estas desigualdades son las que generan violencia e inseguridad?
-La violencia no es sólo social con los asaltos, la inseguridad y los countries cerrados que tratan de crearse un ámbito protegido. El problema pasa también por lo que es la violencia estructural que marca las desigualdades. Si nosotros queremos construir una democracia, tenemos que buscar el derecho a la igualdad para todos. Esto tiene que ver con la violencia social que está viviendo el país y no sólo una zona. La otra cosa que podría señalar es el sentido de la solidaridad; esta sociedad está muy marcada por el individualismo. La mejor seguridad es la solidaridad, es cómo nos acercamos a las personas más necesitadas y les tendemos una mano amiga y fraterna para poder entendernos, contribuir y generar espacios de libertad.
-Violencia, inseguridad... Juan Carlos Blumberg tiene su receta para superarlas.
-No estoy de acuerdo con la política de Blumberg de bajar la edad de imputabilidad de querer corregir el Código Penal que es una aberración jurídica, lo acaba de decir el juez Raúl Zaffaroni de la Corte Suprema de Justicia. No es que una violencia se va a resolver con otra violencia mayor, lo que tenemos es una suma de dos violencias pero no la solución del problema. Nosotros somos solidarios con Blumberg por la muerte de su hijo, pero lo otro es la política que quiere imponer para penalizar eso.
-Para penalizar a los chicos que no tienen oportunidades...
-Ningún chico de la calle está en la calle porque quiere, está ahí porque no tiene otro lugar donde estar; le está faltando un techo una familia, ternura. Yo creo que un chico de la calle muchas veces se larga a la droga y al robo para poder sobrevivir en la selva de cemento. La policía los mete presos y los ve como delincuentes. Hay que cambiar esto, hay que verlos como víctimas de una sociedad injusta. Y la gente por ahí le tira una monedita porque piensan que eso es la caridad.
-¿Y cómo se cambia?
-Creo que eso se cambia con políticas sociales y no con la represión. Por eso yo no estoy de acuerdo con Blumberg en bajar la edad de imputabilidad, meterlos presos, castigarlos, mandarlos a institutos; esto no resuelve absolutamente nada. Esto se resuelve con políticas sociales, con calidad de vida, con generar condiciones de vida dignas.
Nuevos desaparecidos
-¿Las víctimas de la inseguridad son los nuevos desaparecidos de la democracia?
-No, creo que los desaparecidos fueron una cosa aberrante de la época de la dictadura. Lamentablemente estamos viviendo una sociedad violenta, una cultura de la violencia. Esta violencia va desde la televisión, desde los medios de comunicación. Tenemos que cambiar eso hacia una cultura de la paz desde el entendimiento entre las personas, la sociedad y los pueblos. Esa es la única forma para cambiar esto porque con la violencia nada se construye, todo se destruye. Cómo los padres permiten que los chicos estén frente al televisor cuatro o cinco horas por día. Los dibujos animados están cargados de violencia, los padres le compran a los hijos como juguetes revólveres, ametralladoras. Por qué no cambian esta forma de pensamiento; hay que desarmar la razón armada. Tenemos que empezar a generar una cultura de la paz, de la tolerancia y de las relaciones humanas en la diversidad. Porque ninguna persona piensa igual que otra, pero tenemos que respetarnos en las diferencias.
-¿Es duradero este proceso de paz social en la Argentina o puede haber factores que desestabilicen el orden actual?
-Yo viajo por el mundo y por la Argentina también y a mí me preocupa mucho la situación del país. Me preocupan mucho los feudos medievales de señores gobernadores que se apropiaron de las provincias y por eso estuve en Misiones apoyando al Obispo Piña. Verdaderos señores feudales que se adueñan de la economía y de los recursos y por eso no se puede construir un proyecto de país. Yo lamento que Kirchner haya apoyado al gobernador Rovira. Podría hablar también de la Salta de Romero, en Formosa de Insfrán, de Fellner en Jujuy, de Alperovich en Tucumán. Podría hablar de San Luis o de Neuquen. Tenemos que terminar con estos feudos y construir un proyecto de país. Estamos fragmentados. Los feudos no pueden construir un proyecto de país, van a privilegiar sus propios intereses.
-¿Hacia adónde debe apuntar ese proyecto pendiente?
-No hay una ley en el país que controle la venta de las tierras a los extranjeros, hay una extranjerización de las tierras, se las quitan a los indígenas, están destruyendo la floresta para plantar soja trangénica. Si no paramos esto, en 10 o 15 años la Argentina va a ser un desierto. Tenemos el problema de las papeleras, industria contaminante, la devastación del medio ambiente. Entonces, a este gobierno le está faltando la visión política de la construcción del país, porque evidentemente nuestros políticos apuntan a las coyunturas y no a los cambios estructurales; y nos están saqueando.
-Ese es el gran desafío.
-Creo que tenemos grandes desafíos, tenemos que tratar de ver fundamentalmente el mundo que le dejamos a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Yo no quiero dejarles un mundo de esclavos, un mundo con miedos y con sometimiento, sino un mundo en libertad, con dignidad para realmente le puedan sonreirle a la vida y no vivir bajo el miedo.
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La vuelta del miedo
-¿Cree que a partir de la desaparición de Julio López volvió el miedo de que se repitan hechos como en los 70?
-Creo que esos son remanentes, bolsones de los represores que siguen libres y que cometieron el delito de secuestrar a esta persona para generar el miedo. Pero hoy el pueblo argentino está preparado de otra forma, tiene otra conciencia y no se deja ganar por los miedos. Hay que reclamarle al Gobierno la aparición con vida de Julio López y que esto no vuelva a ocurrir nunca más. Tenemos que seguir fortaleciendo lo que son las políticas de los derechos humanos, los juicios no son con espíritu de venganza ni revanchismo sino un derecho del pueblo.
-Algunos sostienen que la política de derechos humanos del Gobierno trajo reivindicaciones pero por otro lado agitó viejos fantasmas. ¿Usted cómo lo ve?
-El derecho de verdad y de justicia no se le puede negar a un pueblo, no vamos a cerrar las heridas si existe la impunidad y sobre la impunidad es imposible construir un proceso democrático. Los fantasmas que se agitan son los de la impunidad. No queremos unas fuerzas armadas y de seguridad cómplices de la dictadura militar. Queremos que esto cambie y que esto permita una construcción conjunta de otro país. Este Gobierno avanzó en hechos positivos como la nulidad de las leyes de impunidad; este es un paso importante para la conciencia de toda América Latina y el mundo, los crímenes no pueden quedar en la impunidad.
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